La evanescente conexión entre Apple y el diseño europeo de mitad del siglo XX

Para comenzar me gustaría decir que es importante criticar el diseño porque es una oportunidad para obtener más información sobre un fenómeno cultural que, definitivamente, está ganando tracción en el mundo contemporáneo. ¿Quién no ha tenido una conversación de diseño en torno a si la silla del carro le produce confort, si entiende el mapa del Transmilenio o del metro, o simplemente si le gusta el vestido que llevó la celebridad X o Y? Parece ser que el diseño ha permeado todos los aspectos de la vida cotidiana.

El ejercicio de la crítica en diseño para muchos es un ejercicio visceral, “me gusta el color” o “no me gusta la forma”, como un dictador que impone su opinión sobre un objeto. Yo creo que el diseñador debe tener un ojo crítico y criterio sobre las características de orden estético y funcional del objeto. De esta manera podemos fortalecernos como disciplina.

Ahora hablemos de Apple, la empresa “de diseño” por excelencia. No porque las demás empresas no integren el diseño dentro de sus procesos productivos, sino porque ellos se han dado a conocer como una firma de diseño dentro de su plan de marketing, están en el top-of mind del consumidor y por eso cuando se ingresa a la página web, existe cierto fetichismo por la carcasa de los artefactos, que son presentados de manera hiper realista. Por ejemplo, esta temporada a los relojes les cae agua como si fueran sensuales modelos en un anuncio deportivo, y cada revelación de un aparato o gizmo es todo un evento social de trascendencia pública. En conclusión, son objetos de culto.

El diseño minimalista es una tendencia surgida en Estados Unidos que afecto el diseño y la arquitectura en los años setenta y que busca la reducción de los elementos en el producto, especialmente es influyente el trabajo realizado en la Bauhaus: una de las cunas del diseño industrial. Su sucesora, la escuela de Ulm, se configura como una de las protectoras del trabajo de Dieter Rams, la figura más influyente en el trabajo de Jonathan Ive.

Jonathan Ive, el galardonado diseñador industrial y vicepresidente de Apple, le está dando un espaldarazo a los diez principios del buen diseño establecidos por Rams, puesto que sus nuevos diseños carecen de honestidad: está inflando la capacidad de innovación de su producto, al tiempo que utiliza acabados que van en contra de la durabilidad del producto. Es decir que está abandonando el funcionalismo, donde la forma sigue a la función y al contrario se está dejando seducir por la estética del producto sobre la función.

Esto se evidenció cuando se realizó el anuncio tan solo unas semanas atrás, los memes no se hicieron esperar, puesto que para los consumidores los auriculares son una función básica del producto, es decir que el diseño se convierte en una obstrucción para el consumidor, los objetos dejan de ser herramientas y se convierten en arte. Se remueve material para hacer la forma de los audífonos más pura y estética, olvidando que el cable tiene una función inherente (Bang & Olufsen solucionan esa diatriba permaneciendo en el lenguaje, con su Earset 2); Se soluciona un problema de la empresa que manufactura que ahora requiere una pieza menos sin pensar en las necesidades del consumidor.

Esta desconexión quizás se evidencia más en la desaparición del blanco (esencial en el trabajo de Braun bajo la dirección de Dieter Rams en especial en el icónico Radio T1000), y el reemplazo de este por el negro, el color del poder, y la formalidad que contrasta claramente con los preceptos y la cultura de la misma Apple. Esta vez no nos encontramos frente a un producto modesto, sino que el diseño en sí es un reflejo del capricho (quizás reflejo de la nueva ola de consumidores), por lo que se eligió el negro y brillante como el de un carro último modelo o una joya de consumo masivo.

Por: Camilo García

Imagen tomada de: goo.gl/SSgIXZ

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