El espectáculo del fútbol es sagrado, y la misa tambien

Para el Ministerio de Trabajo los partidos del fútbol profesional colombiano deben jugarse pasadas las cuatro de la tarde, esto debido a posibles daños a la salud de los deportistas. Debo decir que un partido a las 10 de la mañana es un desvarío; ¿a quién se le ocurre dejar de ir a misa un domingo solo por el hecho de ver Rionegro Águilas contra Jaguares? La liturgia divina merece mayor atención que ver a equipos que cambian de nombre cada vez que sus dueños cambian la plata de bolsillo.

Y es que Rionegro Águilas se fundó como Corporación Deportiva Itagüí Ditaires en el 2008, y a mediados de ese mismo año pasó a llamarse Águilas Doradas. Actualmente compite con el nombre de Rionegro Águilas debido a que instaló su sede en Rionegro, Antioquia.

Pero no es el único equipo de primera división que nos hace sufrir de amnesia. Jaguares hace 20 años se llamaba Girardot F.C., luego Deportes Palmira, después Pacífico F.C., más adelante Sucre F.C. y en 2012 encontraron su mejor aura y se quedaron con ‘Jaguares’. Un equipo de gran trayectoria: 20 años recorriendo 810 km desde Girardot hasta terminar en Montería.

Uno de los equipos más antiguos de la segunda división, y que ahora está en primera, es Alianza Petrolera. Fue fundado en 1990 y, a diferencia de casi todos los equipos de segunda división, nunca salió de Barrancabermeja. El fútbol, más que una pelota rodando durante 90 minutos, es espectáculo, la riqueza de este deporte (además de estar en patrocinadores, directivos, representantes y transmisiones de TV), está en su contorno: la hinchada, la historia, la región, la cancha, la bulla, el escándalo. Y estos equipos del fútbol colombiano tienen poco o nada de esto; son equipos que cambian de dueños, de sedes y de nombres a su antojo, y no permiten que el largo plazo les brinde algo de estabilidad e historia.

Si pasa con los equipos de primera, esto es mucho más recurrente con los de segunda división. El Depor F.C. pasó por Cartago, Jamundi y Aguablanca. Tigres F.C., que antes era Expreso Rojo de Soacha, juega ahora en Bogotá debido a las complicaciones del estadio de Soacha. Hay más historia y empatía en el equipo de microfútbol del barrio conformado por Pocho, Pacho, Fercho, el vecino de la tienda que da el agua gratis y el Chiqui, el peladito talentoso futuro nacional, que en algunos equipos que compiten en primera división.

La Dimayor, con ayuda de la Federación Colombiana de Fútbol, debería realizar un plan de reforma del fútbol profesional que incluya categorías de ascenso por debajo de la B; y además, exigirles a los equipos que como criterio acrediten historia, institucionalidad y estabilidad regional para la obtención de la ficha de inscripción a los campeonatos. No más empresarios reencauchados, de bolsillos llenos, que con poca plata ponen un equipo en la B a merced de que patrocinadores les redoblen la inversión, mientras el espectáculo que queremos se cae a pedazos con equipos que no llenan estadios porque no tienen hinchada más allá de las familias de los jugadores.

Si a la mañana juegan esos nuevos clásicos de la A entre Envigado y Rionegro o Equidad contra Fortaleza y a la noche juegan América – Pereira o Cúcuta contra Quindío, lo de los horarios diurnos no está nada mal. De todas maneras a las 10 voy a misa, a las 12 voy al parque a ver el torneo de microfútbol, a las 2 pm almuerzo y de ahí descanso todo el día. Porque en la semana hay que levantarse a las 5 de la mañana para ir trabajar más de 8 horas diarias, con sueldos bajos, con (in) seguridad social y con paciencia para los trancones. Y no solo un día, sino seis; a la espera de que el Ministerio de Trabajo haga una recomendación al respecto.

Por: Luis Cifuentes

Imagen tomada de: goo.gl/BNnCa2

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