¿Crecimiento Vs conservación?

En los últimos días hemos visto reaparecer, una vez más,  el permanente debate en el que un país como el nuestro, rico en  biodiversidad pero también en recursos mineros,  debe decidir entre proteger un ecosistema y su biodiversidad o explotar sus recursos del subsuelo en detrimento de los primeros.

En esta ocasión  fue  impulsado por la capacidad de las redes sociales de movilizar la opinión pública hasta el punto de lograr la suspensión de la licencia otorgada a la petrolera Hupecol  para realizar exploración minera en el parque natural Sierra de la Macarena que posee el río Caño Cristales considerado por muchos el más hermoso de Colombia, licencia que fue definitivamente revocada por la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA).

Si bien en esta oportunidad habrá un gran consenso en que se logro un impacto positivo, considero que es necesario blindar la opinión pública de mejores argumentos para que  las presiones que ejerza no sean vistas como movimientos fruto de pasiones irracionales que van en contravía de la racionalidad económica. O cuando lo sea, sea capaz de autoevaluarse a la luz de los argumentos disponibles.

Precisamente, es la generalidad plantear este tipo debates en términos de la supuesta dicotomía entre el interés económico  y los ideales ecológicos, pienso que en estas decisiones las verdaderas dicotomías están en privilegiar el corto plazo o  pensar en el largo plazo, en adoptar un modelo de desarrollo sobre otro y  en otras ocasiones es una confrontación de  intereses particulares contra el interés general.

¿Por qué considerar que la protección ambiental es una manera de pensar en el desarrollo económico? Con frecuencia se consideran contrarios porque al realizar un estudio del costo-beneficio de un proyecto como el de Caño Cristales solo es posible considerar lo que pueda ser medido a precios de mercado,  el valor económico de las áreas naturales no es tan solo difícil de medir, sino también de percibir.  No siempre es posible considerar todos los servicios eco- sistémicos que nos son proporcionados, pero que aun así son fundamentales para el sostenimiento de la vida y los procesos productivos.

Otro aspecto que otorga un inmenso potencial a nuestra gran biodiversidad, pero que no implica un valor monetario explicito en el corto plazo, es la riqueza en recursos genéticos  que se encuentra en cada una de las especies, muchas aún sin descubrir, que habitan nuestro país. De igual manera que un equipo de investigadores de la universidad nacional adelanta un estudio en el que el veneno de una especie de  escorpión   tiene la posibilidad de actuar como inhibidor de células cancerígenas, no sabemos con certeza la cura a cuantas enfermedades o que número de patentes y adelantos científicos se encuentren en toda la diversidad que poseemos y se encuentra amenazada.

Ante este escenario me pregunto por qué insistimos en priorizar el desarrollo del sector de hidrocarburos, dadas nuestras escasas reservas comprobadas de petróleo y su actual bajo precio, en vez de priorizar un desarrollo en lo que realmente si somos ricos, más aun,  en un mundo que ha demostrado que cada vez más que el crecimiento económico sostenible y de largo plazo depende de la creación y difusión de conocimiento.

Sumados a estos beneficios de largo plazo debemos considerar los de corto plazo, al fin y al cabo hay necesidades que no esperan a ser satisfechas. Podemos nombrar  el impacto que ha tenido en las economías regionales el impulso del turismo ecológico, donde precisamente Caño Cristales es un buen ejemplo de este fenómeno, anteriormente la mayor actividad económica de la región eran los cultivos ilícitos, y hoy sostenido por incrementos anuales cercanos al 100 por ciento en el número de turistas, cerca de 400 familias dependen de esta actividad, según declaraciones del presidente del Consejo de Turismo de La Macarena.

Es por esto que cuando las directivas de la petrolera Hupecol reaccionan a la suspensión de la licencia afirmando que “Lo que nos queda claro es que no hay garantías para poder desarrollar la actividad del sector de hidrocarburos”, de ser cierto,  lejos de ser una mala noticia para el país puede ser la oportunidad de repensar nuestra estrategia de crecimiento hacia sectores en los que tengamos un verdadero potencial y aseguren crecimientos sostenidos y de largo plazo,  como podría serlo uno basado en nuestras riquezas ambientales. En consecuencia, el interés por la conservación de áreas ecológicas no puede ser visto como una nostalgia irracional hacia unos paisajes estéticamente deseables, sino  también como el interés por el desarrollo económico del país. 

Daniel Niño Eslava

Estudiante de economía de la universidad Nacional. Interesado en desarrollo sostenible, arte y cultura.