¿Por qué Donald Trump?

Publicado originalmente el 8 de noviembre de 2016.

Si hace dos años alguien me hubiera dicho que Donald Trump podría ser el próximo presidente de Estados Unidos habría creído que me estaban tomando del pelo; viéndolo en retrospectiva resulta realmente absurdo, incluso para un tiempo tormentoso como el nuestro, en cual la creciente banalización de la política ha tocado límites inopinados.  De hecho, cuando Trump anunció el 16 de junio de 2015 su candidatura la reacción generalizada del público fue la burla y la incredulidad. Un observador de la política norteamericana sugirió que el slogan “Make America great again” no era más que un ardid publicitario del propio Trump para promover un nuevo reality show.

Sin embargo, ante la sorpresa de los sesudos analistas que consideraron en un principio su postulación una gran broma, Donald Trump aplastó a cada uno de rivales por la candidatura del partido republicano, especialmente a Jeb Bush, heredero de la exitosa dinastía que lleva ese mismo apellido, y que era el predilecto por el establecimiento político.

Trump, un personaje misógino,   narcisista y megalómano  ha protagonizado una serie incidentes escandalosos que en circunstancias normales habrían supuesto la muerte de la carrera cualquier político:

 

En junio de este año el juez federal Gonzalo Curiel, ciudadano estadounidense nacido en el Estado de Indiana de padres mexicanos,  desestimó una petición hecha por los abogados de Trump de archivar una demanda interpuesta por un grupo de estudiantes en contra de la fraudulenta institución  “Trump University” que es propiedad del magnate. Según Trump, hay un conflicto de interés, puesto que él quiere construir un muro entre Estados Unidos y México, y el juez Curiel es de origen mexicano.

The Washinton Post publicó una grabación en la que Trump habla de las mujeres en términos en vulgares y machistas. Continuamente ha hablado de la necesidad endurecer la legislación en contra del aborto.

En inicio de la competencia por la candidatura  republicana Donald dijo del veterano senador John McCain, quien pasó cinco años como prisionero en Vietnam: “Él no es un héroe de guerra. Es un héroe de guerra porque le capturaron. Me gusta la gente a la que no le capturan”. La paradoja consiste es que mientras McCain estaba privado de su libertad condiciones en penosas Trump disfrutaba de una vida cómoda en Estados Unidos.

John McCain y Donald Trump a mediados de los 70.

La lista de episodios sórdidos en los que ha estado involucrado puede prologarse hasta el infinito. No cabe duda que estos sucesos han hecho mella en la imagen de Trump. Cerca 58% de los norteamericanos tiene una imagen negativa del empresario. Empero, según la media de diferentes  sondeos un 44,2% estaría dispuesto a votar por Trump en contra de un 47,2 por Clinton.  ¿Cómo podemos explicar esta diferencia tan estrecha?

 

La muerte del ‘sueño americano’.

La idea cándida según la cual cualquier habitante de Estados Unidos puede por cuenta de su propio esfuerzo y determinación alcanzar cualquier logro que se proponga está desvaneciéndose. Consignas emblemáticas  como que “Estados Unidos es una tierra de oportunidades”  son sepultadas bajo tierra por la fría y contundente realidad económica.

En los últimos cincuenta años el PIB de Estados Unidos se ha multiplicado por cuatro. Sin embargo, el crecimiento económico no ha beneficiado a todos por igual. Mientras que las personas que están en la cima de distribución  del ingreso han sido las mayores beneficiaros, los hombres sin estudios universitarios tienen un ingreso medio menor al de hace 42 años.

La demanda de trabajo no calificado se ha vuelta más elástica por cuenta de la innovación tecnológica y la desindustrialización de la economía del país. En otros términos, las empresas hoy en día ya no necesitan tantos trabajadores no calificados como hace unas décadas, y los salarios, naturalmente son más bajos.

Los hombres blancos sin estudios superiores se sienten constreñidos por la nueva realidad económica, abrigan una nostalgia por tiempos pasados en los que, por ejemplo, un trabajo de obrero no calificado podía dar un buen estándar de vida. También experimentan un enorme descontento hacia el establecimiento y los políticos tradicionales, creen que los han traicionado y no se preocupan realmente por sus problemas. Muchos de ellos están convencidos de que la razón por la cual están esta penosa situación es por la inmigración y los tratados de libre comercio.

Trump ha sabido aprovechar esta indignación, y ha prometido  renegociar los tratados de libre comercios y endurecer las barreras en contra de los inmigrantes.

 

Degeneración del debate público

Caricatura de la revista “The Weak”

 

La convención republicana en la que fue proclamado Donald Trump como el candidato  oficial del partido no fue como las anteriores, se ausentaron buena parte de los senadores  y gobernadores; a medida que surgieron los escándalos protagonizados por Donald Trump a lo largo de la campaña diferentes políticos republicanos lo criticaron duramente, otros tantos conspiraron en vano para sacarlo de la carrera.  El diario conservador Cincinnati Enquirer, que siempre ha votado por candidatos republicanos, publicó un editorial en septiembre de este año en el que recomienda votar por Clinton. Nadie está más sorprendido por la forma como se está dando elección presidencial que los políticos y los medios de comunicación afiliados al establecimiento republicano. Parecen desconcertados ante la idea de que la popularidad de un bufón locuaz como Donald Trump haya crecido como la espuma entre sus bases.

Pero los responsables de este desenlace infeliz han sido ellos mismos. Desde hace años, el partido ha acogido con entusiasmo  las doctrinas más reaccionarias y fanáticas de diferentes grupos de presión como los cristianos evangélicos y el Tea Party. Buena parte de los líderes han tolerado o promovido el surgimiento de teorías conspiración que han exacerbado la paranoia entre los electores republicanos,  como por ejemplo aquella según la cual el presidente Obama no nació realmente en Estados Unidos, y es un musulmán. ¿Qué criatura podría surgir de este proceso? En este ambiente caótico, Trump  ha conseguido labrase un camino. Su discurso,  incoherente y racista, es una apelación a los instintos más  primitivos de los votantes. El hecho de que haya cobrado inmenso protagonismo habla más de estado descomposición en el que se encuentran los republicanos  que de las cualidades como líder político de este personaje.

Felipe Leal

Estudiante de economía Universidad Nacional de Colombia. Miembro fundador de la Revista CiudadBlanca. Liberal contradictorio.
Twitter@piensazavalita