Los medios de información, entre dictaduras y anarquías.

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El periodista y ex director de Noticias Caracol, Luís Carlos Vélez, publicó en El Espectador la columna ‘La dictadura de las redes’  en donde hace una excelente caracterización del egoísmo de las redes sociales, aprovechando la coyuntura de ‘Cursos y chompos ásperos’, y por medio del cual enaltece, erróneamente, los medios de comunicación tradicionales.

Vélez atina al decir que las redes sociales son egoístas y nos hacen proclives a creer en mentiras, hacen crecer nuestros odios y nos convierten, de alguna manera, en víctimas de aquello que debió convertirnos en hombres y mujeres libres: la información. Las redes sociales son un espejo de narciso el cual configuramos para que nos ofrezca la información que queremos recibir, la que nos genere la mayor sensación de bienestar. Pero precisamente ese el problema, nos acostumbramos tanto a los ‘likes’ y las odas de admiración que cuando hay algo que nos saca de esa zona de confort la rechazamos de plano, sin lugar a discusiones. Las reacciones usuales a esas palabras que poco o nada nos gustan (sean o no malintencionadas) siempre es el miedo, la ira, la intolerancia. El mejor ejemplo de esto es el caso de Carolina Sanín, en la Universidad de los Andes, en donde a partir de algunas burlas, que pudieron pasar sin dejar mayor huella, se desató una tormenta de iras, críticas, groserías y, por supuesto, más burlas (memes) que involucraron medios de comunicación masivos y que aún continúa (hasta con amenazas de denuncias).

como me comentó la antropóloga Claudia Quiceno, ‘lo preocupante es que sean aquellos que se ‘educan’ los primeros en caer en la trampa de la desinformación y la superficialidad de las redes”.

Sin meterme en la discusión de lo legítimo o en este caso libertad de expresión, sí quiero apuntar que el escándalo que ha suscitado todo este asunto se debe más a nuestra  facilidad para ofendernos, a la nueva intolerancia que emerge de la tolerancia misma, de lo políticamente correcto; que de una verdadera ofensa o calumnia. Vale más la pena centrar la atención en la escalada de violencia desde los espacios virtuales;  como me comentó la antropóloga Claudia Quiceno, ‘lo preocupante es que sean aquellos que se ‘educan’ los primeros en caer en la trampa de la desinformación y la superficialidad de las redes’.

Toda esta discordia virtual la califica Luis Carlos Vélez como una ‘dictadura’ y presume que el Brexit, el ‘No’ en Colombia y el ascenso de Trump son gracias al uso y abuso de los odios y la desinformación en las redes sociales. Vincula directamente la crisis en la democracia alrededor del mundo con las redes sociales y a partir de allí se lanza a rescatar los medios de comunicación tradicionales como paladines defensores de la verdad frente al mar de mentiras en las redes sociales. Pero, ¿será eso cierto?

Sin duda el periodismo es un oficio desagradecido y peligroso. Hablar sobre cosas incómodas para los poderosos les acarrea peligros reales, hasta de muerte. Pero eso no significa que todos los periodistas se comporten de esa manera. A Vélez se le olvida que los políticos han usado los medios de comunicación como parte de sus campañas políticas y a los periodistas como defensores de sus ideas. Siendo él director de Noticias Caracol no han habido  cambios sustanciales en el formato de investigación, y tampoco recuerdo grandes denuncias que llenaran de escándalo a los poderosos. No veo que Vélez haya orientado el noticiero hacia la verdad, ni mucho menos que combatiera la corrupción o los abusos de poder desde la redacción. Al contrario, el show mediático del medio día siguió igual y hasta incorporaría secciones sobre las redes sociales y videos tendencias sobre gatos, perros y niños de Youtube.

Vélez traslada la irresponsabilidad política de los medios de comunicación a las redes y se lava las manos culpando de la apatía de los jóvenes y los desastres democráticos de los últimos meses a Facebook, Twitter e Instagram, como si la televisión, la radio y los periódicos no hicieran lo mismo. Como por ejemplo ocultar unas cosas para decir otras, o quitarle peso a unos temas y dárselo a otros sin mucha trascendencia (sólo hay que recordar la sobre explotación de la mala imagen del exalcalde Gustavo Petro).

Lo que Vélez llama la ‘dictadura’ de las redes no es más que la ‘anarquía’ que caracteriza internet”.

Le recuerdo que en esas mismas redes sociales también fluye información que los medios de comunicación, los paladines de la verdad, no se atreven a transmitir o que transmiten en franjas de 30 segundos en una ametralladora de noticias que no permite digerir ninguna.

Todo este asunto no es binario, bueno y malo, responsable e irresponsable, objetivo y amarillista, todo lo contrario, en ambos espacios se encuentra seriedad en las noticias y chistes que no informan. Por eso invito a Luis Carlos Vélez a reflexionar sobre el papel de los medios y el papel de internet en la información y darle a cada quien lo que le corresponde. Dejemos atrás el oportunismo y no reivindiquemos algo malo a partir de algo peor.

Si hoy vamos a juzgar las redes sociales como facilitadores de la discriminación y de la apatía, vamos a darle a la televisión, la radio y la prensa escrita el mismo tratamiento, y ver su papel en esa misma apatía política, en la manipulación de la información y en la intervención abierta en políticas nacionales y campañas presidenciales (todas disfrazadas de noticias).

Por: @Leomunnoz

Fotografía tomada de www.utel.edu.mx

Leonardo Muñoz Guerrero

Politólogo de la Universidad Nacional. Redactor en Revista Ciudad Blanca. @leomunnoz

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