Editorial: ¿Al calor del tropel?

El último tropel que se presentó en la Universidad Nacional, fue ya hace un par de años, desde entonces el alma mater ha asumido en conjunto un papel absolutamente proactivo con la paz del país. Ya muchos, con nostalgia o con júbilo, se sorprendían al ver cómo las características pedreas habían desaparecido casi que por completo. Sin lugar a dudas, la carencia de expresiones violentas al interior de la universidad más grande del país estaban cambiando las  relaciones entre estudiantes, directivos y sociedad.

Hace más de una década, un periodista cuestionó al entonces rector de la Universidad Nacional de Colombia, Víctor Manuel Moncayo, acerca de los frecuentes disturbios y violencia en los campus de la universidad, él respondió rápidamente que la universidad para bien o para mal era un reflejo de lo que era la sociedad, y que la violencia dentro de esta no era más que el efecto de lo que vivía el país en ese momento. Muchos estuvieron a favor de esta tesis y otros la criticaron con vehemencia aduciendo que si la universidad era el simple reflejo de una sociedad, entonces de poco serviría. Contrario a esto, afirmaron que la universidad no es el reflejo sino la guía de nuestra sociedad.

¿Qué pasó el jueves? ¿Por qué?

El país hoy vive una nueva etapa, el pos acuerdo, la reparación no solo de las víctimas sino de todo un país desarticulado y dividido por la cerradura del sistema político y por la pérfida decisión de tomar las armas. Sin lugar a dudas, los tropeles y la cultura de la ilegalidad no fueron más que conceptos que empezaron a  reemplazar los repetidos lenguajes de la violencia. La universidad no es ajena a esto, lo aseguramos estudiantes que vemos el esfuerzo y compromiso de paz.

El apoyo de organizaciones estudiantiles a causas sociales, políticas o de otra índole, se debe seguir dando pero teniendo como marco de referencia la NO violencia. El poder de los argumentos y de la movilización organizada debe prevalecer sobre las piedras y los insultos.

En efecto, la construcción de una nueva visión de país se gesta en la solidez de una sociedad que sea capaz de repensar sus valores y sus acciones. No obstante, esa renovación –necesaria en último término– requiere además solidez de ideas y de argumentos que nazcan en el seno de una reflexión introspectiva de la sociedad misma, reflexión que se espera se fecunde en las aulas universitarias, en especial en las de la Universidad Nacional de Colombia

Revista Ciudad Blanca

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